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De principios y finales

Una clase magistral de filosofía práctica en la panadería


Cartel de cerrado. Terminar ciclos, filosofía práctica en la panaderia

17 de julio de 2023


Hoy he ido a comprar el pan y he vuelto con una rica chapata y con una más rica todavía clase de filosofía práctica con la que nutrir el alma. Es sencillamente maravilloso ver cómo una rutina diaria se convierte en una experiencia transformadora si le dedicas toda tu presencia y te abres a reconocer y a recibir la sabiduría del «otro».


En este caso el «otro» ha sido Kathy. Detrás del mostrador de su pequeña gran empresa (su Maison), ella sirve sonriente al vecindario productos básicos y un poco de «todo» que, además de ser los protagonistas del trueque con el dinero, son confidentes silenciosos de sus conversaciones con los que cada mañana vamos a por «el pan de cada día».


Un diálogo típico de estas fechas (qué calor hace… qué tranquilo está el barrio…) nos ha transportado a un escenario más propio de la Sorbona cuando nos hemos puesto a hablar de su nuevo horario de verano (normalmente ella abría todos los días por la mañana de 8 a 3, pero este año ha decidido probar y cerrar el domingo durante el verano):


Mira Blanca, hay una ley universal que aplica en la naturaleza y en el mundo. Todo empieza y todo termina. Desde que he empezado a cerrar el domingo estoy experimentando esa sensación de acabar; de cerrar la semana. Me siento muy bien y siento el espacio que abro para descansar y para que entren nuevos proyectos. Me está ayudando en mi día a día de otra manera. Me ubico en «otro» sitio dentro de mí.
Si no somos conscientes de esa ley y la vamos aplicando en los distintos ámbitos de nuestra vida, si no cerramos lo que debe terminar, entonces permanece en la carpeta de pendientes. Y esa pila empieza a crecer y a crecer … y cuanto más crece más pesa… pesa en nuestra cabeza (porque pensamos y sentimos que todo está pendiente en nuestras vidas), pesa en nuestros armarios y en nuestros cajones, pesa en nuestro corazón…

Y así, cual maga pronunciando ¡ABRACADABRA! Kathy ha sacado su «sabio» a pasear para lanzarme un mensaje directo al corazón. Una flecha que ha dado de pleno dentro de mí para recordarme que es momento de revisar «mis pendientes».


¡Fascinante! una acción práctica y aparentemente sencilla se trasciende para comprender una ley universal que te ayuda a evolucionar. ¿Esto significa que ahora todos tenemos que colgar el cartel de cerrado el domingo? ¡No! La parte interesante de esta historia es la reflexión y el camino que abre, no si hay que abrir o no el domingo.


Cada uno de nosotros y dependiendo del momento de nuestras vidas y de nuestras «empresas» debemos aprender a reconocer cuándo y qué toca cerrar (decir que no a algo o a alguien, acabar con un pensamiento negativo, con una emoción que me mantiene atrapado, terminar con un trabajo, cerrar el pasado, acabar con el miedo a cerrar un día a la semana…). Es una responsabilidad individual poner fin si se quiere avanzar hacia el siguiente ciclo, hacia una nueva aventura.


EMPEZAR A CERRAR, TERMINAR PARA EMPEZAR


Con su expresión –he empezado a cerrar – Kathy me ha recordado esa paradoja de la existencia que bajo mi punto de vista tan bien expresa José Saramago en su libro El Evangelio según Jesucristo «nada empieza que no tenga fin, todo lo que empieza nace de lo que se termina». La rueda de la creación, un ciclo de principios y de finales en constante movimiento (que no termina). La ley de la impermanencia, la transitoriedad, el devenir y el flujo de la vida… un tema abordado por diversas filosofías, ciencias y religiones.


Los libros nos ofrecen el conocimiento y la guía que otros han escrito. Y es verdad que lo que dice Kathy lo sabemos… en teoría. Es la práctica la que suele resultar más difícil. En palabras de Einstein «necesitas experiencia para ganar sabiduría… la experiencia es conocimiento, todo lo demás es información». Por muchos libros que se lean (de filosofía, de religión, de desarrollo personal…) si no se experimenta esta ley por uno mismo y extraes tus propias conclusiones, esa información es como la ropa que acumulas en el armario y nunca te pones (queda pendiente de hacer algo con ella…). Porque es en este laboratorio de la experiencia humana donde se comprende esta ley.


Kathy hoy ha hecho mucho más que venderme una barra de pan. Ha convertido su experiencia en sabiduría y se ha atrevido a compartirla conmigo de manera desinteresada. Gracias a ello ahora puedo yo también avanzar en mi camino y compartirlo con otros a través de este artículo. Se beneficia ELLA, me beneficio YO, se benefician OTROS…


Todos llevamos un Maestro dentro (es lo que somos) y mostramos nuestra sabiduría mucho menos a menudo de lo que deberíamos. Quizás por inseguridad, quizás pensamos que no tiene valor, quizás creemos que hay que «monetizarlo»... y ¿qué ocurre entonces? que esa sabiduría se queda escondida, pendiente de que pueda distribuirse para el beneficio común; algo que en mi opinión, toca a su fin.


FIN.







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